El Monstruoso Vampiro: "Richard Case"
Richard Trenton Chase nace el 23 de mayo de 1950 en Sacramento, California
(Estados Unidos). Desde muy joven, es conocido por su conducta psicótica con
rasgos de apatía y constante agresividad. Sufre enuresis hasta los ocho años, y
mojar la cama es algo que le causa constante vergüenza, pero que no puede
controlar. Desde los doce años, Chase sufre las constantes peleas de sus
progenitores....
Su padre, alcohólico, no escatima insultos y violencia contra su
esposa, quien lo acusa de querer envenenarla y de ser un drogadicto además de
un borracho. Diez años duran las peleas. Este escenario termina en divorcio y su
padre vuelve a casarse poco después, pero para entonces, toda la situación de
violencia ha marcado profundamente la psique del chico. Su único desahogo es escribir un diario, que llevará por años. A duras penas, concluye sus estudios de
secundaria. Su coeficiente de inteligencia, pese a todo, es normal: 95 puntos.
Intenta relacionarse con chicas y tiene un par de novias, pero es impotente y
nunca consigue una erección. Su autoestima se devalúa cada vez más. En 1965,
Chase bebe en exceso y consume marihuana y LSD. Es detenido por posesión de
marihuana y condenado a realizar labores de limpieza a favor de la comunidad.
Para 1969, Richard Chase consigue un empleo en el cual dura algunos meses.
Después de que lo despiden, sólo encuentra trabajos de un par de días. Consigue
ingresar a la Universidad, pero no puede concentrarse en los estudios ni soportar
la presión social de la vida universitaria, y abandona la carrera casi enseguida. A
los veintiún años, Chase se va de casa para compartir piso con unos amigos. Allí,
continuamente drogado, su estado mental se deteriora aceleradamente: empieza
a obsesionarse con la idea de que una organización criminal trata de acabar con
él. Para protegerse, clava con tablas la puerta de su habitación, entrando y
saliendo de ella por un pequeño agujero que hace en el fondo de un armario de
pared. Duerme poco y mal, vigilando constantemente para que no lo atrapen los
sicarios cuando por fin lleguen. En su diario escribe: “A veces oigo voces por
teléfono. Ignoro qué voces. Amenazas. Suena el teléfono y alguien me dice cosas
extrañas: que mi madre me envenena poco a poco y que me voy a morir. Me
siento observado. Sé que alguien me vigila…”
Para 1972, es arrestado por conducir ebrio. Se asusta tanto que deja de beber:
nunca vuelve a probar el alcohol. Un año después, en 1973, durante una fiesta,
Chase intenta tocarle los pechos a una chica que no se lo permite. Se inicia una
gresca y Chase saca un arma, una pistola calibre .22. Los demás invitados lo
reducen hasta que llega la policía. Una fianza de $50.00 dólares le permite salir en
libertad. Incapaz de tener trabajo, sus padres lo mantienen económicamente y
vive a veces en casa de uno y a veces en casa del otro. Poco tiempo después,
Chase se afeita la cabeza y acude asustado al médico, alegando que su cráneo se
está deformando poco a poco y los huesos le agujerean la piel. También dice
sentir que se muere porque alguien le ha extraído la arteria pulmonar, y nota que
su sangre no puede circular. Para aliviarlo, se inyecta sangre de conejo en las
venas. Chase es internado en un hospital psiquiátrico, saliendo al poco tiempo,
pese a la opinión de algunos médicos que lo consideran peligroso. Una vez libre,
deja de tomar la medicación y su conducta comienza a empeorar. Chase se
convence de que su sangre se está convirtiendo en polvo y que necesita sangre
fresca para sobrevivir. Nuevamente se inyecta y bebe sangre de conejo,
tragándose además las vísceras de los animales. Al poco tiempo cae enfermo y los
médicos, tras percatarse de su obsesión por consumir sangre, lo internan de
nuevo, diagnosticándole esquizofrenia paranoide. De nuevo en el manicomio,
Chase emula al personaje de Renfield que aparece en la novela Drácula, de Bram
Stoker, y se dedica a cazar pájaros, a los cuáles les arranca la cabeza a mordidas
para beber su sangre. En su diario comenta sus acciones meticulosamente, habla
sobre la forma en que mata animales pequeños y describe el sabor de la sangre.
También menciona: “Mi sangre está envenenada y un ácido me corroe el hígado.
Es absolutamente necesario que beba sangre fresca”.
En 1977, de nuevo en la calle, comienza a secuestrar a numerosos perros y gatos,
a los cuáles decapita, descuartiza y bebe su sangre mezclada con Coca Cola.
Guarda los collares, formando una macabra colección. Luego ataca vacas y ovejas
en el campo para beber su sangre; incluso es detenido por un oficial indio en una
reserva, pero al comprobar que lleva cubetas con sangre ovina, es dejado en
libertad: cuando se le pregunta por qué lleva la camiseta manchada de sangre,
alega que estaba cazando conejos.
Su padre intenta acercarse a él; pasa los fines de semana en su compañía, le
compra regalos y se lo lleva de excursión. Pero es inútil: Chase está totalmente
demente. No puede pensar en otra cosa más que en el ficticio deterioro de su
cuerpo. También se obsesiona con los extraterrestres y habla constantemente
sobre OVNIs. Cuando se encuentra a algún antiguo conocido, le dice que una
agrupación nazi lo persigue desde que estaba en la secundaria. Richard Chase está
convencido de que, a causa de la supuesta falta de sangre, su estómago se está
pudriendo, su corazón disminuye de tamaño y sus órganos internos se desplazan en su interior. En su mente, se trata de una metamorfosis que lo transformará en
un vampiro humano.
Para septiembre de ese mismo año, Chase discute con su madre. Incapaz de
controlar su violencia, toma al gato de la casa y lo asesina. Días después, va a la
perrera municipal; adquiere dos perros por $15.00 dólares y los asesina,
bebiéndose su sangre. El 20 de octubre roba gasolina para su furgoneta, que está
descuidada y llena de basura; cuando un policía lo descubre, Chase niega la
acusación y convence al agente, que lo deja irse. Después responde a un anuncio
en el periódico, va a una casa y compra dos perros labrador por el precio de uno.
Los sacrifica también. Su colección de collares crece. Luego roba un perro que ve
en la calle, y esta vez lo tortura antes de asesinarlo, beberse su sangre y comerse
sus vísceras. Después se entera de que los dueños ofrecen recompensa; eufórico,
los llama por teléfono y les cuenta cómo torturó y mató al animal.
El 7 de diciembre, Chase va a una armería y se compra otro revólver del calibre
.22. Las desapariciones de mascotas continúan. Fascinado con los crímenes
cometidos en Los Ángeles por los primos asesinos, Kenneth Bianchi y Angelo
Buono "Los Estranguladores de Hillside", guarda celosamente los recortes de
prensa que los mencionan. Señala en los periódicos los anuncios puestos por
personas que regalan gatos o venden perros. Su padre le regala en navidad un
anorak amarillo, que ya no se quitará. Chase practica con su nueva pistola. Dispara
contra el muro sin ventana de la casa de una familia apellidada Phares. Al otro día,
dispara contra la ventana de una cocina, partiéndole el cabello a la señora
Polenske, quien está inclinada y evade la muerte por milímetros
Richard Chase decide que es hora de practicar sobre otros blancos. Tiene 28 años
y una mente hecha pedazos. El 28 de diciembre toma su revólver, sale a la calle y
le dispara a Ambrose Griffin, un desconocido a quien ve en la calle. Lo mata
mientras el hombre regresa del supermercado con su esposa, disparándole desde
su furgoneta. Griffin vive justo enfrente de la casa de los Phares, donde Chase
efectuó su primer disparo. Chase comienza a coleccionar recortes de periódico
sobre el crimen aparecidos en el Sacramento Bee. El 16 de enero, le prende fuego
a un granero para alejar a unos adolescentes que habían puesto música a
volumen alto.
Está enloquecido: necesita beber sangre y ya no queda satisfecho al conseguirla
desangrando animales. Ha llegado a la conclusión de que es un vampiro, así que
inicia una cacería humana. El 23 de enero por la mañana, intenta allanar una casa
entrando por la ventana, pero se topa de frente con el rostro de la dueña. Se
sienta entonces en el jardín y allí se queda un rato, pasmado. La mujer llama a la
policía, pero Chase se marcha antes de que lleguen. Se mete a otra casa, defeca
en la cama de un niño y orina en un cajón lleno de prendas íntimas. Roba algunos
objetos. Después es sorprendido por el dueño. Chase huye, el hombre lo persigue,
pero consigue evadirse. El hombre regresa a su hogar y descubre los daños. Una
hora después, el asesino se dirige a un centro comercial. Lleva la camisa
manchada de rojo y tiene costras de sangre seca en la boca. Hiede y se nota
perdido. Una amiga suya de la secundaria está en el aparcamiento. Chase se le
acerca y le pregunta si ella iba en la misma motocicleta donde se mató un viejo
amigo suyo de la escuela (la chica era la novia). Ella no le reconoce hasta que él le
dice quién es. Lo evade, se mete a un banco, pero él la espera hasta que sale. Ella
intenta alejarse y al subirse a su auto, Chase trata de meterse por el asiento del
copiloto. La mujer logra escaparse.
Richard Chase sigue vagando. Se mete a un jardín, el dueño sale y le reclama. El
criminal alega que sólo está tomando un atajo, sigue su camino y entra al jardín
de otra casa. Es la vivienda de una mujer llamada Terry Wallin, una joven de
veintidós años con tres meses de embarazo, que se encuentra sacando la basura.
Chase la obliga a entrar en la casa; una vez adentro, le arranca la sudadera, en
pantalón y el sujetador, y después dispara dos veces sobre ella; aún viva, le abre el
vientre para arrancarle los intestinos, y los esparce cuidadosamente por el suelo.
La mujer no deja de proferir alaridos de dolor. Le mete un cuchillo en uno de los
pechos y retuerce la hoja dentro de la herida; ella muere entre espantosos
dolores. Luego le extirpa el hígado, el diafragma, un pulmón y los riñones,
colocándolos encima de la cama. Chase golpea varias veces el cuerpo sin vida y
después va por un vaso a la cocina. Se dedica a beber la sangre de la mujer, fresca
y caliente. Mastica algunos trozos de vísceras y devora parte de los órganos
internos; se pinta además el rostro con la sangre. Finalmente, como toque final a
su obra, defeca sobre la boca y el vientre abierto del cadáver, y abandona la casa,
satisfecho.
A las 18:30 horas, David Wallin, el esposo de Terry, regresa a su casa después de trabajar y se encuentra con la carnicería. Aterrado, llama a la policía. Nunca se ha
visto un crimen igual en Sacramento. Los policías acuden al FBI y quien acude es el
agente Robert K. Ressler, creador del concepto “asesino en serie”, quien realiza
un perfil del criminal, que es casi coincidente con las características de Richard
Chase.
La policía busca al asesino, pero no consiguen encontrarlo. Cuatro días después, la
sed se apodera nuevamente de Richard Chase, a quien los periódicos han
bautizado ya como “El Vampiro de Sacramento”. Entra en una casa elegida al azar;
una vez allí, se dedica a disparar contra los habitantes. Mata a Evelyn Miroth, de
treinta y seis años; a su hijo Jason, de seis; y a un amigo de la familia llamado
Daniel J. Meredith, de cincuenta y dos.
Chase lleva el cadáver de Evelyn Miroth a la recámara, donde la sodomiza. Luego
le clava el cuchillo en el ano; después le vacía un ojo y se lo come. A continuación
la eviscera y engulle parte de sus órganos internos y bebe su sangre en un vaso de
cristal.
Lleva el cadáver del niño a la bañera; rompe y abre el cráneo del niño, y comienza
a devorar el cerebro. El agua de la tina queda manchada de rojo y con trocitos de
masa encefálica. Chase defeca en el agua. Alguien llama a la puerta de la casa y se
asusta, así que decide marcharse. En la casa hay además un bebé de veintidós
meses, Michael Ferreira, a quien Chase secuestra. Se roba la camioneta Ranchera
de Daniel J. Meredith y escapa en ella. Abandona el vehículo a unas cuantas calles,
con las llaves puestas; allí lo encuentra la policía.
Ya en su casa, Chase tortura al bebé un rato. Cuando se aburre, toma un cuchillo
y, mientras el bebé sufre lo indecible, le corta la cabeza. Tarda un rato en lograr su
cometido, pues la hoja está roma. Tras decapitar el cuerpo, bebe la sangre con
fruición. Rompe el cráneo del bebé y devora el cerebro crudo.
La gente se muestra aterrorizada. La policía se ve presionada. Los medios
convierten los asesinatos en noticia nacional. “El Vampiro de Sacramento”
cosecha fans: mucha gente asegura que se trata de un vampiro verdadero y que
hay que comprenderlo, no cazarlo. Sesenta y cinco policías dan caza al criminal,
en una zona cercana al lugar donde abandonó la camioneta. Chase sale de casa y,
ante el temor de que la policía lo capture, dispara contra un perro en un club de
campo cercano y lo destaza, bebiendo nuevamente sangre de animal. La policía se
entera y estrecha el cerco. Mientras tanto, Chase sigue coleccionando recortes de
periódico y escribe en su diario: “Si devoré a esas personas fue porque tenía
hambre y me estaba muriendo”.
La ex compañera de la secundaria a quien Richard Chase encontró en el centro
comercial decide acudir a la policía; les cuenta lo ocurrido y les comunica sus
sospechas de que él es a quien buscan. Los agentes encuentran sus datos
enseguida. Chase vive a una manzana de distancia del lugar donde se encontró la
camioneta abandonada. Varios policías se colocan alrededor de su domicilio;
saben que posee un revólver y que está totalmente trastornado. Vigilan la casa en
espera de que se asome. Chase aparece poco después. Corre hacia su furgoneta
llevando una caja bajo el brazo. Los policías caen sobre él; Chase lucha con ellos.
Durante el forcejeo, intenta sacar el revólver, pero se le cae al piso. Finalmente,
los agentes logran reducirlo. En la caja lleva varios trapos ensangrentados y la
cartera de Daniel Meredith está en el bolsillo trasero de su pantalón
La casa de Chase es un sitio hediondo, lleno de basura, excremento y trozos de vísceras podridas. Hay sangre seca por todas partes, periódicos viejos, latas de
cerveza vacías, cartones de leche, trapos sucios, un plato con restos de cerebro
encima de la cama y recipientes con órganos humanos y animales. La policía
encuentra un cuchillo de caza con una hoja de treinta centímetros, una caja de
herramientas cerrada con llave y unas botas de caucho manchadas de sangre.
También hallan su colección de collares de perro y gato, así como tres licuadoras
que Chase usa para moler órganos y sangre.
Hallan su diario. En la pared de la cocina hay además un calendario, con la palabra
“Hoy” escrita en las fechas de los asesinatos. Lo peor es que la misma palabra
aparece escrita cuarenta y cuatro veces más, en fechas futuras. Chase planeaba
asesinar por lo menos en otras cuarenta y cuatro ocasiones. El cuerpo del bebé
asesinado es encontrado a mediados de 1978, enterrado cerca de la casa del
asesino. Una de las anotaciones finales de Chase dice: “La primera persona a la
que maté fue por accidente. Mi coche estaba estropeado. Quería irme pero no
tenía transmisión. Tenía que conseguir una casa. Mi madre no me quería acoger
en Navidades. Antes siempre me acogía en Navidades, cenábamos y yo hablaba
con ella, con mi abuela y con mi hermana. Aquel año no me dejó ir a su casa y
disparé desde el coche y maté a alguien. La segunda vez, las personas habían
ganado mucho dinero y tenía envidia. Me estaban vigilando y disparé a una
señora (conseguí algo de sangre de aquello). Fui a otra casa, entré y había una
familia entera ahí. Les disparé a todos. Alguien me vio allí. Vi a una muchacha. Ella
había llamado a la policía y no habían podido localizarme. La novia de Curt Silva...
el que se mató en un accidente de moto, lo mismo que un par de amigos míos y
tuve la idea de que lo habían matado a través de la Mafia, que él estaba en la
Mafia, vendiendo droga. Su novia recordaba lo de Curt; yo estaba intentando
sacar información. Dijo que se había casado con otro y no quiso hablar conmigo.
Toda la Mafia estaba ganando dinero haciendo que mi madre me envenenara. Sé quiénes son y creo que se puede sacar esto en un juicio si, como espero, logro
recomponer las piezas del rompecabezas…”
El juicio se cambia de la ciudad de Sacramento a Palo Alto. Chase trata de
justificar sus macabros crímenes diciendo que unas voces de seres extraterrestres
y otras criaturas lo acosaban continuamente, obligándolo a matar. El juicio se
inicia a principios de 1979 y el 6 de mayo de aquel año, Iris Yang, periodista del
Sacramento Bee, describe a Chase: “El acusado estaba totalmente apático.
Sombrío, pelo marrón lacio, ojos apagados y hundidos, tez cetrina y delgadez
extrema, no le sobra apenas carne en los huesos. Durante los últimos cuatro
meses y medio, Richard Trenton Chase, a sólo unas semanas de su vigésimo
noveno cumpleaños, ha estado sentado encorvado, jugando con los papeles que
tiene delante de él o con la mirada vacía puesta en las luces fluorescentes de la
sala”.
Sólo hay juicio porque la fiscalía se empeña en pedir la pena de muerte,
basándose en una nueva ley estatal recientemente aprobada en California. La
defensa quiere que Chase sea considerado mentalmente enfermo e incapaz de
someterse a juicio, pero la fiscalía argumenta que Chase ha tenido suficiente
“astucia y conocimiento” en el momento de los crímenes para ser considerado
responsable de sus actos y tener que responder por ellos. Lo acusan de seis
asesinatos en primer grado: Terry Wallin, las tres personas en casa de los Miroth,
el bebé muerto y Ambrose Griffin. El jurado sólo delibera un par de horas y lo
declara culpable de todos los asesinatos. El juez lo manda al Corredor de la
Muerte de San Quintín a la espera de su ejecución en la silla eléctrica. Lo trasladan
a la cárcel de Vacaville, donde está también preso Charles Manson.
Tras el juicio, Robet K. Ressler describe su encuentro con Richard Chase en su libro
Asesinos en serie: “Yo no estaba de acuerdo en absoluto con el veredicto ni con la
orientación que se había dado al caso. Ocurrió en el mismo periodo en que el
antiguo inspector del ayuntamiento de San Francisco, Dan White, asesinó al
alcalde Moscone y al inspector Harvey Milk. White alegó que se había vuelto loco
porque había consumido un tipo de comida basura, los Twinkies de Wonder, y su
estrategia fue aceptada. Lo mandaron a una cárcel estatal sin pena de muerte.
Richard Chase, en cambio, que tenía claramente una enfermedad mental y
debería haber pasado el resto de su vida en un psiquiátrico, fue condenado a
muerte. John Conway y yo visitamos a Chase en el Corredor de la Muerte de San
Quintín en 1979. Conway era el enlace del FBI con las cárceles de California y era
un tipo excepcionalmente afable, apuesto y sutil, que poseía el don de conseguir
que los prisioneros hablaran con él.
“Fue la última vez que Chase me escribió. Justo después de la Navidad de 1980, lo
encontraron muerto en su celda en Vacaville. Había estado ahorrando muchas
pastillas antidepresivas de las que recibía para controlar sus alucinaciones y
convertirlo en un preso manejable, y se las había tomado todas de una vez.
Algunos dijeron que era un suicidio; otros siguieron creyendo que había sido un
accidente, que Richard Trenton Chase había ingerido todas las pastillas en un
intento de acallar las voces que lo habían impulsado a matar y que lo
atormentaron hasta el día de su muerte pues el murio asegurando, que mataba no por gusto si no por necesidad...”.
(Estados Unidos). Desde muy joven, es conocido por su conducta psicótica con
rasgos de apatía y constante agresividad. Sufre enuresis hasta los ocho años, y
mojar la cama es algo que le causa constante vergüenza, pero que no puede
controlar. Desde los doce años, Chase sufre las constantes peleas de sus
progenitores....
Después de que lo despiden, sólo encuentra trabajos de un par de días. Consigue
ingresar a la Universidad, pero no puede concentrarse en los estudios ni soportar
la presión social de la vida universitaria, y abandona la carrera casi enseguida. A
los veintiún años, Chase se va de casa para compartir piso con unos amigos. Allí,
continuamente drogado, su estado mental se deteriora aceleradamente: empieza
a obsesionarse con la idea de que una organización criminal trata de acabar con
él. Para protegerse, clava con tablas la puerta de su habitación, entrando y
saliendo de ella por un pequeño agujero que hace en el fondo de un armario de
pared. Duerme poco y mal, vigilando constantemente para que no lo atrapen los
sicarios cuando por fin lleguen. En su diario escribe: “A veces oigo voces por
teléfono. Ignoro qué voces. Amenazas. Suena el teléfono y alguien me dice cosas
extrañas: que mi madre me envenena poco a poco y que me voy a morir. Me
siento observado. Sé que alguien me vigila…”
nunca vuelve a probar el alcohol. Un año después, en 1973, durante una fiesta,
Chase intenta tocarle los pechos a una chica que no se lo permite. Se inicia una
gresca y Chase saca un arma, una pistola calibre .22. Los demás invitados lo
reducen hasta que llega la policía. Una fianza de $50.00 dólares le permite salir en
libertad. Incapaz de tener trabajo, sus padres lo mantienen económicamente y
vive a veces en casa de uno y a veces en casa del otro. Poco tiempo después,
Chase se afeita la cabeza y acude asustado al médico, alegando que su cráneo se
está deformando poco a poco y los huesos le agujerean la piel. También dice
sentir que se muere porque alguien le ha extraído la arteria pulmonar, y nota que
su sangre no puede circular. Para aliviarlo, se inyecta sangre de conejo en las
venas. Chase es internado en un hospital psiquiátrico, saliendo al poco tiempo,
pese a la opinión de algunos médicos que lo consideran peligroso. Una vez libre,
deja de tomar la medicación y su conducta comienza a empeorar. Chase se
convence de que su sangre se está convirtiendo en polvo y que necesita sangre
fresca para sobrevivir. Nuevamente se inyecta y bebe sangre de conejo,
tragándose además las vísceras de los animales. Al poco tiempo cae enfermo y los
médicos, tras percatarse de su obsesión por consumir sangre, lo internan de
nuevo, diagnosticándole esquizofrenia paranoide. De nuevo en el manicomio,
Chase emula al personaje de Renfield que aparece en la novela Drácula, de Bram
Stoker, y se dedica a cazar pájaros, a los cuáles les arranca la cabeza a mordidas
para beber su sangre. En su diario comenta sus acciones meticulosamente, habla
sobre la forma en que mata animales pequeños y describe el sabor de la sangre.
También menciona: “Mi sangre está envenenada y un ácido me corroe el hígado.
Es absolutamente necesario que beba sangre fresca”.
a los cuáles decapita, descuartiza y bebe su sangre mezclada con Coca Cola.
Guarda los collares, formando una macabra colección. Luego ataca vacas y ovejas
en el campo para beber su sangre; incluso es detenido por un oficial indio en una
reserva, pero al comprobar que lleva cubetas con sangre ovina, es dejado en
libertad: cuando se le pregunta por qué lleva la camiseta manchada de sangre,
alega que estaba cazando conejos.
compra regalos y se lo lleva de excursión. Pero es inútil: Chase está totalmente
demente. No puede pensar en otra cosa más que en el ficticio deterioro de su
cuerpo. También se obsesiona con los extraterrestres y habla constantemente
sobre OVNIs. Cuando se encuentra a algún antiguo conocido, le dice que una
agrupación nazi lo persigue desde que estaba en la secundaria. Richard Chase está
convencido de que, a causa de la supuesta falta de sangre, su estómago se está
pudriendo, su corazón disminuye de tamaño y sus órganos internos se desplazan en su interior. En su mente, se trata de una metamorfosis que lo transformará en
un vampiro humano.
controlar su violencia, toma al gato de la casa y lo asesina. Días después, va a la
perrera municipal; adquiere dos perros por $15.00 dólares y los asesina,
bebiéndose su sangre. El 20 de octubre roba gasolina para su furgoneta, que está
descuidada y llena de basura; cuando un policía lo descubre, Chase niega la
acusación y convence al agente, que lo deja irse. Después responde a un anuncio
en el periódico, va a una casa y compra dos perros labrador por el precio de uno.
Los sacrifica también. Su colección de collares crece. Luego roba un perro que ve
en la calle, y esta vez lo tortura antes de asesinarlo, beberse su sangre y comerse
sus vísceras. Después se entera de que los dueños ofrecen recompensa; eufórico,
los llama por teléfono y les cuenta cómo torturó y mató al animal.
.22. Las desapariciones de mascotas continúan. Fascinado con los crímenes
cometidos en Los Ángeles por los primos asesinos, Kenneth Bianchi y Angelo
Buono "Los Estranguladores de Hillside", guarda celosamente los recortes de
personas que regalan gatos o venden perros. Su padre le regala en navidad un
anorak amarillo, que ya no se quitará. Chase practica con su nueva pistola. Dispara
contra el muro sin ventana de la casa de una familia apellidada Phares. Al otro día,
dispara contra la ventana de una cocina, partiéndole el cabello a la señora
Polenske, quien está inclinada y evade la muerte por milímetros
y una mente hecha pedazos. El 28 de diciembre toma su revólver, sale a la calle y
le dispara a Ambrose Griffin, un desconocido a quien ve en la calle. Lo mata
mientras el hombre regresa del supermercado con su esposa, disparándole desde
su furgoneta. Griffin vive justo enfrente de la casa de los Phares, donde Chase
efectuó su primer disparo. Chase comienza a coleccionar recortes de periódico
sobre el crimen aparecidos en el Sacramento Bee. El 16 de enero, le prende fuego
a un granero para alejar a unos adolescentes que habían puesto música a
volumen alto.
desangrando animales. Ha llegado a la conclusión de que es un vampiro, así que
inicia una cacería humana. El 23 de enero por la mañana, intenta allanar una casa
entrando por la ventana, pero se topa de frente con el rostro de la dueña. Se
sienta entonces en el jardín y allí se queda un rato, pasmado. La mujer llama a la
policía, pero Chase se marcha antes de que lleguen. Se mete a otra casa, defeca
en la cama de un niño y orina en un cajón lleno de prendas íntimas. Roba algunos
objetos. Después es sorprendido por el dueño. Chase huye, el hombre lo persigue,
pero consigue evadirse. El hombre regresa a su hogar y descubre los daños. Una
hora después, el asesino se dirige a un centro comercial. Lleva la camisa
manchada de rojo y tiene costras de sangre seca en la boca. Hiede y se nota
perdido. Una amiga suya de la secundaria está en el aparcamiento. Chase se le
acerca y le pregunta si ella iba en la misma motocicleta donde se mató un viejo
amigo suyo de la escuela (la chica era la novia). Ella no le reconoce hasta que él le
dice quién es. Lo evade, se mete a un banco, pero él la espera hasta que sale. Ella
intenta alejarse y al subirse a su auto, Chase trata de meterse por el asiento del
copiloto. La mujer logra escaparse.
criminal alega que sólo está tomando un atajo, sigue su camino y entra al jardín
de otra casa. Es la vivienda de una mujer llamada Terry Wallin, una joven de
veintidós años con tres meses de embarazo, que se encuentra sacando la basura.
Chase la obliga a entrar en la casa; una vez adentro, le arranca la sudadera, en
pantalón y el sujetador, y después dispara dos veces sobre ella; aún viva, le abre el
vientre para arrancarle los intestinos, y los esparce cuidadosamente por el suelo.
pechos y retuerce la hoja dentro de la herida; ella muere entre espantosos
dolores. Luego le extirpa el hígado, el diafragma, un pulmón y los riñones,
colocándolos encima de la cama. Chase golpea varias veces el cuerpo sin vida y
después va por un vaso a la cocina. Se dedica a beber la sangre de la mujer, fresca
y caliente. Mastica algunos trozos de vísceras y devora parte de los órganos
internos; se pinta además el rostro con la sangre. Finalmente, como toque final a
su obra, defeca sobre la boca y el vientre abierto del cadáver, y abandona la casa,
satisfecho.
visto un crimen igual en Sacramento. Los policías acuden al FBI y quien acude es el
agente Robert K. Ressler, creador del concepto “asesino en serie”, quien realiza
un perfil del criminal, que es casi coincidente con las características de Richard
Chase.
sed se apodera nuevamente de Richard Chase, a quien los periódicos han
bautizado ya como “El Vampiro de Sacramento”. Entra en una casa elegida al azar;
una vez allí, se dedica a disparar contra los habitantes. Mata a Evelyn Miroth, de
treinta y seis años; a su hijo Jason, de seis; y a un amigo de la familia llamado
Daniel J. Meredith, de cincuenta y dos.
le clava el cuchillo en el ano; después le vacía un ojo y se lo come. A continuación
la eviscera y engulle parte de sus órganos internos y bebe su sangre en un vaso de
cristal.
a devorar el cerebro. El agua de la tina queda manchada de rojo y con trocitos de
masa encefálica. Chase defeca en el agua. Alguien llama a la puerta de la casa y se
asusta, así que decide marcharse. En la casa hay además un bebé de veintidós
meses, Michael Ferreira, a quien Chase secuestra. Se roba la camioneta Ranchera
de Daniel J. Meredith y escapa en ella. Abandona el vehículo a unas cuantas calles,
con las llaves puestas; allí lo encuentra la policía.
cometido, pues la hoja está roma. Tras decapitar el cuerpo, bebe la sangre con
fruición. Rompe el cráneo del bebé y devora el cerebro crudo.
convierten los asesinatos en noticia nacional. “El Vampiro de Sacramento”
cosecha fans: mucha gente asegura que se trata de un vampiro verdadero y que
hay que comprenderlo, no cazarlo. Sesenta y cinco policías dan caza al criminal,
en una zona cercana al lugar donde abandonó la camioneta. Chase sale de casa y,
ante el temor de que la policía lo capture, dispara contra un perro en un club de
campo cercano y lo destaza, bebiendo nuevamente sangre de animal. La policía se
entera y estrecha el cerco. Mientras tanto, Chase sigue coleccionando recortes de
periódico y escribe en su diario: “Si devoré a esas personas fue porque tenía
hambre y me estaba muriendo”.
comercial decide acudir a la policía; les cuenta lo ocurrido y les comunica sus
sospechas de que él es a quien buscan. Los agentes encuentran sus datos
enseguida. Chase vive a una manzana de distancia del lugar donde se encontró la
camioneta abandonada. Varios policías se colocan alrededor de su domicilio;
saben que posee un revólver y que está totalmente trastornado. Vigilan la casa en
espera de que se asome. Chase aparece poco después. Corre hacia su furgoneta
llevando una caja bajo el brazo. Los policías caen sobre él; Chase lucha con ellos.
Durante el forcejeo, intenta sacar el revólver, pero se le cae al piso. Finalmente,
los agentes logran reducirlo. En la caja lleva varios trapos ensangrentados y la
cartera de Daniel Meredith está en el bolsillo trasero de su pantalón
cerveza vacías, cartones de leche, trapos sucios, un plato con restos de cerebro
encima de la cama y recipientes con órganos humanos y animales. La policía
encuentra un cuchillo de caza con una hoja de treinta centímetros, una caja de
herramientas cerrada con llave y unas botas de caucho manchadas de sangre.
También hallan su colección de collares de perro y gato, así como tres licuadoras
que Chase usa para moler órganos y sangre.
“Hoy” escrita en las fechas de los asesinatos. Lo peor es que la misma palabra
aparece escrita cuarenta y cuatro veces más, en fechas futuras. Chase planeaba
asesinar por lo menos en otras cuarenta y cuatro ocasiones. El cuerpo del bebé
asesinado es encontrado a mediados de 1978, enterrado cerca de la casa del
asesino. Una de las anotaciones finales de Chase dice: “La primera persona a la
que maté fue por accidente. Mi coche estaba estropeado. Quería irme pero no
tenía transmisión. Tenía que conseguir una casa. Mi madre no me quería acoger
en Navidades. Antes siempre me acogía en Navidades, cenábamos y yo hablaba
con ella, con mi abuela y con mi hermana. Aquel año no me dejó ir a su casa y
disparé desde el coche y maté a alguien. La segunda vez, las personas habían
ganado mucho dinero y tenía envidia. Me estaban vigilando y disparé a una
señora (conseguí algo de sangre de aquello). Fui a otra casa, entré y había una
familia entera ahí. Les disparé a todos. Alguien me vio allí. Vi a una muchacha. Ella
había llamado a la policía y no habían podido localizarme. La novia de Curt Silva...
el que se mató en un accidente de moto, lo mismo que un par de amigos míos y
tuve la idea de que lo habían matado a través de la Mafia, que él estaba en la
Mafia, vendiendo droga. Su novia recordaba lo de Curt; yo estaba intentando
sacar información. Dijo que se había casado con otro y no quiso hablar conmigo.
Toda la Mafia estaba ganando dinero haciendo que mi madre me envenenara. Sé quiénes son y creo que se puede sacar esto en un juicio si, como espero, logro
recomponer las piezas del rompecabezas…”
y otras criaturas lo acosaban continuamente, obligándolo a matar. El juicio se
inicia a principios de 1979 y el 6 de mayo de aquel año, Iris Yang, periodista del
Sacramento Bee, describe a Chase: “El acusado estaba totalmente apático.
Sombrío, pelo marrón lacio, ojos apagados y hundidos, tez cetrina y delgadez
extrema, no le sobra apenas carne en los huesos. Durante los últimos cuatro
meses y medio, Richard Trenton Chase, a sólo unas semanas de su vigésimo
noveno cumpleaños, ha estado sentado encorvado, jugando con los papeles que
tiene delante de él o con la mirada vacía puesta en las luces fluorescentes de la
sala”.
defensa quiere que Chase sea considerado mentalmente enfermo e incapaz de
someterse a juicio, pero la fiscalía argumenta que Chase ha tenido suficiente
“astucia y conocimiento” en el momento de los crímenes para ser considerado
responsable de sus actos y tener que responder por ellos. Lo acusan de seis
asesinatos en primer grado: Terry Wallin, las tres personas en casa de los Miroth,
el bebé muerto y Ambrose Griffin. El jurado sólo delibera un par de horas y lo
declara culpable de todos los asesinatos. El juez lo manda al Corredor de la
Muerte de San Quintín a la espera de su ejecución en la silla eléctrica. Lo trasladan
a la cárcel de Vacaville, donde está también preso Charles Manson.
Asesinos en serie: “Yo no estaba de acuerdo en absoluto con el veredicto ni con la
orientación que se había dado al caso. Ocurrió en el mismo periodo en que el
antiguo inspector del ayuntamiento de San Francisco, Dan White, asesinó al
alcalde Moscone y al inspector Harvey Milk. White alegó que se había vuelto loco
porque había consumido un tipo de comida basura, los Twinkies de Wonder, y su
estrategia fue aceptada. Lo mandaron a una cárcel estatal sin pena de muerte.
Richard Chase, en cambio, que tenía claramente una enfermedad mental y
debería haber pasado el resto de su vida en un psiquiátrico, fue condenado a
muerte. John Conway y yo visitamos a Chase en el Corredor de la Muerte de San
Quintín en 1979. Conway era el enlace del FBI con las cárceles de California y era
un tipo excepcionalmente afable, apuesto y sutil, que poseía el don de conseguir
que los prisioneros hablaran con él.
encontraron muerto en su celda en Vacaville. Había estado ahorrando muchas
pastillas antidepresivas de las que recibía para controlar sus alucinaciones y
convertirlo en un preso manejable, y se las había tomado todas de una vez.
Algunos dijeron que era un suicidio; otros siguieron creyendo que había sido un
accidente, que Richard Trenton Chase había ingerido todas las pastillas en un
intento de acallar las voces que lo habían impulsado a matar y que lo
atormentaron hasta el día de su muerte pues el murio asegurando, que mataba no por gusto si no por necesidad...”.






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